martes, 3 de junio de 2014

Decidir no es un fin en sí mismo

No voy a ser yo, ni creo que tenga mucho sentido, el que centre el discurso en el análisis de los consensos políticos y sociales que se desarrollaron en la transición española. Es momento de mirar hacia adelante, y si bien es cierto que no deben perderse de vista los acontecimientos históricos del pasado, hoy debemos afrontar sin prisa pero sin pausa el futuro del Estado español y los que serán los nuevos consensos que deben presidir la vida política social y económica de la sociedad española de las próximas décadas.

Es momento de decidir. Ya hace mucho tiempo que lo es, pero en ese afán de no fustigarnos con lo que pudo ser y no fue, la abdicación del Rey Juan Carlos I debe suponer un punto y a parte en la historia de España. Son muchos los que invocan los consensos del pasado, la estabilidad institucional, la bonanza económica del período monárquico, sin tener en cuenta que todo eso que se supone que simbolizaba la corona hace tiempo que está hecho unos zorros. Sino ha saltado por los aires.

Hay muchas cuestiones para las que la monarquía hoy puede suponer un tapón, como por ejemplo, la cuestión territorial que se encuentra tan de moda últimamente.

Más esa tampoco es la cuestión hoy. Lo indispensable, lo que hoy se reclama, y que debe ser cabeza de puente para la construcción del futuro es elegir entre monarquía y República. Elegir cuál es la forma de estado sobre la que queremos construir el futuro.

Que la sociedad elija no dinamita absolutamente nada. Sino más bien todo lo contrario, abre un nuevo panorama de esperanza política en la que la sociedad sea el epicentro de una decisión tan trascendental como la que ahora mismo hemos de afrontar. No podemos construir el futuro sobre una Ley Orgánica que ha hecho hoy pública el Consejo de Ministros de tan sólo 28 palabras, y que “coloca” a la cabeza del Estado al nuevo Borbón.

No sólo es que sea anacrónico como concepto. Es que además no está acorde con los tiempos que corren, en los que cada vez se reclama mayor participación política.

Ahora bien. No nos hagamos trampas al solitario. El hecho del referéndum, el hecho de una hipotética proclamación de la III República no es la solución a todos nuestros males. Es el inicio de un camino más respirable, si me apuráis mucho más democrático. Pero no es un cambio radical en las estructuras de poder. Hay muchas más torres que derribar, empezando por el rancio y caciquil sistema empresarial español y todas aquellas políticas que les dejan en bandeja de plata todos nuestros derechos y todo lo público.

Es preciso que este nuevo impulso que nace con la abdicación del Rey continúe con un trabajo incesante que cambie de raíz la correlación de fuerzas que hacen de la austeridad criminal, el abuso empresarial, y la defenestración de la clase obrera su bandera, y que hoy por hoy, con Rey y sin Rey tienen la sartén por el mango.


Es preciso un referéndum, es preciso el cambio. Pero no debemos perder nuestro horizonte: la elaboración de un programa creíble y realizable, que haga que los trabajadores y trabajadoras, y la parte de la sociedad que así lo considere oportuno apoye y del que se sienta partícipe. Es momento de la política de izquierdas, de la alternativa colectiva. Que centre la economía en las personas, que haga de lo público bandera social, que genere empleo estable, de calidad y con derechos, que rescate a las personas y no a los bancos. Izquierda Unida está en ese camino. Eso debe comenzar con el referéndum sobre la forma de Estado, aunque decidir no puede ser un fin en sí mismo.  

martes, 27 de mayo de 2014

La Europa que da miedo y los súbitos análisis

Lo tomo prestado de peregrino mundo:

Los europeos y las europeas cada cinco años nos damos una alegría. Con abstención, o a causa de ella, tocamos las narices. Eso si; cuando se trate de nuestro gobierno, sea provincial o local, ya volvemos al redil y votamos como manda el coco.
 
Esta vez, arrasados por la austeridad de conservadores y socialistas de la penúltima vía, no hemos dado, con la honrosa excepción griega, en votar a quién gestionar pueda mundos alternativos sino que hemos alentado populismo de todo tipo.

Los más importantes de ellos, los que ahora llaman populismo euroescéptico y que no es otra cosa que resucitar los viejos fantasmas del nacionalismo, el fascismo y la xenofobia. También, anarcoides pulsiónes antipolíticas, naturalmente dirigidas por políticos. Y, por supuesto, algún gritito soberanísta ha caído, que todo aprovecha para el convento.

Y que quieren que les diga, da miedo.

No dan miedo, exactamente, los fascistas electos, que se dedicaran a hacer que los discursos conservadores sean más conservadores y los radicales más radicales, como corresponde con sociedades de clases medias arrasadas.

Da miedo que en el corazón de la Europa republicana o en la democrática Inglaterra, las sociedades se construyan con cuartos de pueblos que aceptan discursos fascistoides.

Da miedo que, en nombre de la hermosa idea de Europa y de nuestra salvación democrática, conservadores y socialistas de la penúltima vía se repartan cargos y políticas para que nada cambie.

Da miedo que un día después nadie hable de ello.
 
Y da miedo tanto súbito análisis que nos anuncian nuevos mundos para pasado mañana.

El mismo periódico que hace cinco años anunció que una marea magenta nos inundaría, hoy anuncia que estamos a un peldaño de la revolución anti hipotecaria. El mismo medio que lleva meses sosteniendo la insostenible campaña del socialismo de Rubalcaba, publica hoy la quinielas con los evidentes sucesores.

Un político que no es político, faltaría más, y que ha atrapado un diez por ciento, anuncia, entre un Twitter y un estudio de televisión,que ya ha acabado con el PSOE y el PP.

Antes de que la aguerrida militancia lea los documentos electorales y sepa de donde vienen o van los votos, el líder de la izquierda de verdad verdadera, ya ha anunciado que pactará las municipales con quién le privó del diez por ciento al que él aspiraba.
 
Cosa que pueden ustedes entender porque es más fácil pasarse el día anunciando nuevas constituciones y convergencias que construyendo un programa creíble. También, porque es mejor echarles un pacto a los concejales del futuro no sea que alguien sugiera que, puestos a pactar, pacte su puesto de líder de la izquierda de verdad verdadera.

Los directivos del socialismo de la penúltima vía ya han resuelto las opciones: la cosa es la coalición con el PP, cosa que defiende la línea de los consejeros delegados, o volver a la sociedad, cosa que defiende la línea tuitera, animada desde alguna universidad norteamericana.

Los conservadores también han tomado una súbita decisión: no decidir porque en realidad, ya se lo mirararán.

El caso es que Ustedes y yo le hemos dado un palito al bipartidismo y a la derecha de los que, probablemente, no se recuperarán, pero nos dará igual: los súbitos análisis parecen haber decidido que se mueva todo mucho para que quede todo como está.

Gran fin de semana, menos mal que uno anduvo viendo como ya ataca la saeta que es fuerza y es belleza.

miércoles, 24 de julio de 2013

La próxima víctima del PP: el municipalismo

Dentro de ese drama que el Presidente del Estado español se empeña en llamar Plan de Reformas, nos encontramos en los últimos meses con una de especial gravedad: la reforma de la ley de bases de régimen local, es decir, la reforma de los Ayuntamientos. No es que las que ya se han puesto en marcha no sean dañinas, no, sino que esta, y la de las pensiones también en ciernes, dibujan un panorama siniestro de cambios más unidos a una clara posición ideológica, el conocido como Thatcherismo, que a la recuperación económica del empleo y el bienestar de la sociedad española en su conjunto.

Previsiblemente a partir del mes de septiembre se va a debatir en el Congreso la Reforma Local del Gobierno. Esta reforma no es más que el desmantelamiento total de los Ayuntamientos, fundamentalmente los más pequeños. Lo camuflan en eso de la eficiencia, el ahorro, la lucha contra el déficit, y todas esas zarandajas que utilizan para justificar cualquier barbaridad que se les pasa por la cabeza.

Eso no se sustenta cuando uno se pone a reflexionar sobre las cifras reales de deuda que tienen los Ayuntamientos. Las cifras tan abultadas que el Ministro Montoro, o su alter ego el señor Beteta, sacan a la palestra esconden que proceden de lugares tan concretos como Madrid Capital. La deuda que dejó el señor Gallardón, por esa megalomanía que le caracteriza, es algo muy localizado, y que tal vez debiera haberse atajado en su momento, pero desde luego que no es culpa de Morata de Tajuña, Boyuyos del Condando o de alguna pedanía de León. Pero eso no debe sorprendernos dado que este Gobierno acostumbra con demasiada asiduidad a la utilización de las medias verdades o directamente de las mentiras más burdas.

Detrás de la Reforma Local entre otras cosas está la privatización de los servicios municipales, como por ejemplo los servicios sociales.

Tras la educación y la sanidad el siguiente regalo para las empresas de sus colegas -esas que luego salen en los papeles de contabilidad extraña- son los servicios municipales. Los servicios sociales, el deporte, la cultura en nuestros municipios va a ser manejado por empresas privadas, sometidas a costes estándar, con lo que muchos de los servicios que hoy conocemos van a desaparecer en pro del sacrosanto déficit y control de gasto.

Uno de los argumentos más utilizados por la Troika, perdón, por el Gobierno, es el de las duplicidades en las competencias. No hay mentira más gorda y más repetida. A lo largo de estos treinta años de malograda democracia, en este Estado se ha producido la llamada “primera descentralización”, es decir, el trasvase de competencias del Estado a las Comunidades Autónomas. Las más importantes, sin duda, la educación y la sanidad. Las Comunidades Autónomas por tanto debieran haber desarrollado sus competencias, y en un natural devenir de los acontecimientos, haber completado el proceso llevando a cabo la “segunda descentralización” y dotar a los Ayuntamientos de financiación suficiente para el desarrollo de las competencias que de facto habían asumido.

Voy a poner un ejemplo. Hace años en Morata de Tajuña, era el Ayuntamiento quien tenía que sufragar las urgencias nocturnas con los precarios ingresos que en ese momento tenían. Una población de más de 7.000 habitantes que tenía que desplazarse al Centro de Salud del municipio vecino de Perales para una urgencia sanitaria. Todo esto unido a la broma pesada de que entre Morata y Perales no había, ni hay, ni un sólo medio de transporte público con el que desplazarse. A eso es a lo que llama el señor Montoro duplicidad.

¿Era un capricho que el Ayuntamiento de Morata de Tajuña costeara los más de 100.000 euros anuales que costaban las urgencias nocturnas? Claramente no, fue un claro ejercicio de responsabilidad, que incluso el Gobierno del PP en Morata mantuvo durante dos años, hasta que el Gobierno de la Comunidad de Madrid se dignó a sufragarnos las urgencias.

Hay cientos de ejemplos como este a lo largo y ancho de la geografía española. Sin embargo de esto no habla el Gobierno. Muestra a los municipios como núcleos de población caprichosos, que nos gastamos lo que no tenemos, y que sobre todo lo hacemos por desestabilizar la economía española. Las malas artes de los bancos, la avaricia incontrolada de promotores inmobiliarios o el pago de una deuda ilegítima que nos está machacando día a día no tienen la culpa. La tienen los Ayuntamientos que han estado cubriendo las espaldas al Estado y a las Comunidades Autónomas, dotando a sus vecinos y vecinas de servicios básicos que les igualaran a los de las grandes urbes.

Los Ayuntamientos son las administraciones más cercanas a la ciudadanía. Son los mejores conocedores de las necesidades de sus vecinos y vecinas, y deben tener todos los medios económicos para llevar a cabo tales servicios. No todo lo contrario como pretende el Gobierno de Mariano Rajoy.

Con esta Reforma, el Partido Popular aleja a la democracia en su conjunto de un modelo político y social de equidad y redistribución coherente y justa de los recursos públicos entre todos los territorios de la geografía española. Supone una ruptura del modelo -que con sus fallos ha venido funcionando hasta hoy- por uno completamente nuevo, centrado en el capital, en la eficiencia económica, y el prisma material de los servicios. Coloca lo público al margen de la gente y al servicio de las grandes empresas privadas y de los bancos alemanes.

Un Gobierno puesto en duda por su inoperancia ante la recuperación económica, un Gobierno cuestionado por su falta de rigor a la hora de cumplir sus promesas electorales, un Gobierno atemorizado por un señor que trabajó para su partido durante décadas, y que afirma la existencia de financiación ilegal continuada, un Gobierno en estas condiciones debe convocar elecciones inmediatamente. Si no tiene la decencia de hacerlo, al menos debería abstenerse de llevar a cabo medidas de tanto calado para el futuro del Estado español y no aprobar planes que dilapiden las relaciones políticas, territoriales y políticas entre ciudadanos como es la reforma local.

Entiendo que el ataque al municipalismo no es casual. No debemos olvidar que la II República vino de la mano de unas elecciones municipales. El municipalismo, la cercanía al ciudadano, le da miedo al poder. Para muestra, el proyecto de reforma local del PP.